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Influencias fisiológicas de los campos electromagnéticos en nuestro organismo

La glándula pineal tiene como principal función regular los procesos de reparación celular. Este proceso se activa cuando nuestros sensores biológicos detectan que no hay luz y nos disponemos a dormir y descansar.

Los diferentes órganos de nuestro cuerpo tienen unas membranas que las recubren y sirven de protección de posibles agresiones externas, como pueden ser la exposición a los diferentes campos electromagnéticos.


A modo de ejemplo, tenemos la membrana macroencefálica que protege el cerebro, la pleura que protege los pulmones o el pericardio que protege el corazón. Si ésta membrana está sometida a una exposición excesiva y continuada en el tiempo de diferentes radiaciones, se vuelve más permeable y por lo tanto más expuesta a las agresiones externas y a que entren más tóxicos.


El sistema nervioso parasimpático se encarga de la producción y el restablecimiento de la energía corporal. Cuando estamos expuestos a cualquier tipo de campo electromagnético el sistema nervioso se mantiene activo sin permitir un buen descanso.


A nivel celular se ha podido comprobar que la membrana plasmática, cuya función básica es mantener el medio intracelular diferenciado del entorno, a la vez de ser permeable para recibir los nutrientes necesarios para llevar a cabo sus funciones vitales y eliminar los materiales de desecho. Esta membrana puede perder su permeabilidad y hacerse más rígida cuando está sometida a constantes campos electromagnéticos e ir acumulando toxinas en su interior con el consecuente riesgo de deterioro celular.


Los campos electromagnéticos también pueden provocar la aparición de radicales libres, que son átomos con un electrón sin aparear, situación que les confiere una gran inestabilidad y una fuerte reactividad. La naturaleza de los átomos les obliga a recuperar su equilibrio e intentan obtener un electrón adicional a costa de otro átomo. Una vez logrado esto, el átomo que cede el electrón pasa a convertirse en un radical libre y trata, entonces, de recuperar ese electrón de un tercer átomo. De este modo, se produce una reacción en cadena. La consecuencia es la aparición de daños en las células. Entre las patologías más habituales que pueden provocar los radicales libres se encuentran el cáncer, la diabetes, el Alzheimer, el Parkinson, el colesterol, la arteriosclerosis, el envejecimiento prematuro, problemas de tipo cardiovascular y del sistema nervioso.


En resumen se podría decir que como seres electro-biológicos que somos estas radiaciones afectan a nuestros procesos vitales dependiendo de las variables: tiempo de exposición, intensidad de la radiación, y resistencia personal, marcada por nuestra herencia genética y nuestros hábitos cotidianos.


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